• Alexa Pereda

Una realidad compartida: entrevista con Isabela Ripoll

Existe ya una sexoservidora habitando visualmente nuestra vida. Es eterna e inútilmente clara la imagen de ella: labial barato, minifalda, tacones y chamarras de colores llamativos. Aparentes bolas sobre bolas que se apachurran y se alargan, que se vuelven ombligos desnudos, prestados para la colección, para los famosos videos how to have fun in mexico. Y esa diversión está implícita, pero se vuelve necesaria de exprimir, morbo soberbio de querer saber cómo es la primera cogida, las noches de llanto, el maltrato. Los temas de sexo aún existen en esta dicotomía: o se quiere saber todo o no se quiere saber nada.


Hay incontable material audiovisual que se centra solo en lo gráfico y muy poco que se dedica a deshilar todo lo que conlleva. El documental No seré la vida de mi recuerdo, dirigido por Isabela Ripoll, se toma a pecho esa tarea y, entre voces que se alternan y visuales que se mueven más allá del morbo, le da el poder a dos hermanas victimas de trata sexual para contar lo que ellas decidan de su experiencia.


De Isabella fue curioso saber que es tauro y que comparte cumpleaños con mi madre. Asimismo, fue impresionante escuchar que el documental está compitiendo para una nominación en los Premios Ariel 2021, que ya pasó un filtro y que, en palabras de Isa, “eso está padre”.


Hace unos días, desde mi recuadro en Zoom, me senté a hacerle unas preguntas:


- Empecemos con, ¿por qué quisiste hacer este documental?

La idea me surge porque me doy cuenta de que hay algo que me llama la atención dentro de la rama del feminismo liberal que habla del trabajo sexual como algo empoderante. Entonces, me empiezo a preguntar a qué se le llama trabajo sexual y cuál es el status quo de los medios de representación (como los medios audiovisuales, ya sean canales de youtube o vice) que publican muchos videos del tema, pero que lo viven desde un lugar de privilegio, es decir, esas mujeres tienen otras formas de ingreso. En este proceso yo me encuentro con el libro “esclavas del poder” de Lydia Cacho y se hace más claro para mi que hay una línea fina entre trabajo sexual y la trata. Hay una división dentro del mismo trabajo. Una tiene otras maneras de sobrevivir y la otra lo hace porque no tiene otra forma de meterse un pan a la boca.

Mi primer paso fue buscar a la que sería mi única sujeta. Busqué cuales eran las casas más importantes en México para mujeres vulnerables, elegí y conseguí una entrevista. Aceptaron y tuvimos cuatro sesiones previas sin equipo para que no se sintieran intimidadas por los fierros y fue sentarnos a platicar con ellas de sus películas favoritas, qué estudiaban en la casa, que nos contaran su día a día y ya al final agendamos las otras cuatro sesiones que ahora sí serían entrevistas.


- ¿Cómo fue el proceso de las entrevistas?

Constó de dividir los temas. En las primeras hablamos de su vida en la casa, sus familias, su vida antes de la casa, su relación como hermanas y en realidad los temas más fuertes fueron sólo una sesión. Era importante para mi saber que pensaban ellas que es la trata sexual, sus conclusiones y cómo es que llegaron a ese lugar. Yo quería saber cosas como ¿qué fue pasar por ese arrebato de adolescencia? En las entrevistas nos contaron cosas muy duras, hubo momentos en dónde tuvimos que detenernos y ellas salieron, no pudimos continuar. También para mi fue difícil, yo no estoy capacitada para contener ese tipo de fugas emocionales. Fue mucho respeto hacia ellas y a la situación. En realidad, nunca les hice preguntas de sus clientes, a mi no me interesaba saber de eso. Creo que eso ya lo sabemos todo y sólo alimenta el morbo. Cuando acabamos las entrevistas, Iris y Dulce, se sintieron muy bien de haberlo contado.


Tengo una pregunta que se me quedó muy grabada, la hizo Daniela Rojas, mi fotógrafa. Le preguntó a Iris que si pudiera relacionar a su hermana con algún elemento de la naturaleza cuál sería. Iris dijo que con un árbol porque las hojas de un árbol se pueden caer, pero que el árbol nunca se cae, que se mantiene firme.


- La parte visual de tu documental es muy particular, ¿cómo elegiste qué imágenes mostrar?

En un inicio yo quería hacer secuencias con ellas, desde entonces no quería mostrar sus rostros, pero quería hacer algo corpóreo. Luego pensé que ya les había pedido demasiado y preferí tomar a dos chicas actrices que las representaran. Tuve varias pláticas con Daniela, no teníamos planteada la idea de comparar lo que nos contaron con la destrucción de la naturaleza, pero Iris y Dulce hablaban mucho de cómo se veían la una a la otra de una manera muy unida a la naturaleza. Ahí retomé la importancia del material del archivo porque todos sabemos cosas como la destrucción ambiental, sabemos que sucede, pero lo que yo quería hacer era un “MIRA, AQUÍ ESTA”. En la parte final sí es la casa la que mostramos y sí son todas las demás mujeres que están ahí con ellas, que viven allí. Recurrimos a esta decisión de filtrar todas las tomas, pusimos un papel con acuarela.



El proceso de edición se hizo por medio de una división en cuatro etapas: una primera de ellas en el bosque dónde hablan de su familia, pero que hay algo raro y a veces se encuentran y a veces no. Para nosotras significó la reapropiación de los bosques. La segunda fue la ciudad, la tercera es dónde mostramos la tala de los bosques, la quema y la desaparición de los animales. Representa justamente como ellas fueron despojadas de su ambiente y de su espacio. La última parte fue el material de archivo de la casa e imágenes de los bosques volviendo a crecer.


- ¿Por qué quisiste que fuese corporal?

Creo que en el cine estamos acostumbradas a ver el rostro que expresa muchas cosas y quise ver yo otro lenguaje, el corporal. Es igual de importante y más en el documental porque en algún punto ese cuerpo fue despojado de sí mismo y quería ver cómo se podía revivir a partir de a fisicalidad. El cuerpo es algo que ellas tienen y que siempre fue suyo. Trabajar esto con las actrices fue un proceso complejo, lo trabajamos muchas veces. Ellas tenían la tarea de retomar la esencia de dos mujeres y sus vivencias que parecen lejanas, pero no lo son. Nos sentamos a platicar y fuimos al bosque de Tlalpan a filmar. Lo hicimos a partir de juegos y preguntas, jugaban a encontrarse entre los árboles, cuestionamientos que detonaban acciones. Cuando una de ellas se pone a dibujar en la tierra, el dibujo está basado en uno real de Iris y Dulce. Las actrices trabajaron a partir del material de audio que yo les puse, fragmentos que yo encontré interesantes, cosas de sus infancias.


- ¿Qué sentiste al ver el primer corte de tu trabajo?

Lloré, es un proceso súper duro el poder asimilar ese documental porque yo nunca creí que yo pudiera conseguir un testimonio así. Sentí mucha impotencia porque ellas no son las únicas mujeres que han pasado por esto si no miles de millones que pasan por esto en este momento. También sentí tranquilidad de que por lo menos ellas dos ya están mejor, que están recuperando su vida. Como mujeres compartimos una misma realidad, la de la violencia. No sucede a la misma medida, hay diferencias, pero así vivimos. Acabamos el corte en pandemia, se los mandé por medio de una intermediaria porque yo no tengo comunicación directa con ellas. No sé que pensaran del documental, quisiera pronto ir a verlas, saber qué les hizo sentir.



- ¿Cómo fue recibido tu documental?

Ha tenido buena recepción por parte de mujeres, luego como que los hombres no entienden mucho lo visual, no entienden el por qué de las tomas de los árboles. En el ciclo de mujeres lo quisieron y lo pasaron por el canal 22. Ahora compite por una nominación en los Arieles.


- ¿Qué pensó tu escuela?

La ENAC tuvo sus diferencias con la propuesta. Cuando lo presenté una profesora me sugirió haberme ido a grabar a la Merced en vez de meter material de archivo. Me hicieron comentarios de que se veía mucho mi mano en la dirección, hubo compañeros que a media presentación se salieron al baño, fue un proceso bastante duro. Aparte nosotras habíamos tomado la decisión de no filmar con el equipo de la escuela más que el de sonido porque queríamos tener la libertad de hacerlo como nosotras quisiéramos. No queríamos tener que atenernos a un proceso rígido porque estábamos tratando con mucha emocionalidad. No quería forzar un proceso tan duro en tres días. Ha sido complicado encontrar mi público, pero de eso se trata.


- ¿Cuál fue tu experiencia como directora

Es muchísima responsabilidad. Tenía yo algo de control en la postproducción, pero no durante la filmación. Fue un proceso de dejar ir porque yo soy una persona que tiene que planear todo perfectamente, el documental no pudo ser así. Existe está perspectiva hegemónica de que el director es el que debe tener todo bajo control y básicamente fue dejar ir esa idea. Dejar que el proceso fluyera. Descarté muchas preguntas que tenía planteadas antes de los primeros acercamientos porque hubiera sido intentar moldear la historia en vez de dejarla fluir.


- ¿Te gustaría continuar con este tema?

Pues, me gustaría dirigir una segunda parte de esto. En unos años. Iris quiere ser abogada para ayudar a chavas como ellas. Quisiera igual hacer un documental de las mujeres que tejen. Yo realmente no escribo, sería buscar una coguionista. En lo que yo soy mejor y para lo que voy es la cinematografía.

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