• Santiago Bustillo

Reseña Perfect Blue (1997).

Perfect Blue (1997), ópera prima del director japonés Satoshi Kon basada en la novela homónima Perfect Blue: Complete Metamorphosis escrita por Yoshikazu Takeuchi, es considerada una obra maestra de la animación. Pone el ojo en el modo de vida de las pop idol japonesas, los peligros de la fama, la explotación de la industria y la idealización de las celebridades para, finalmente, devenir en una onírica vorágine de locura, delirio y frenesí que trastoca los límites entre el sueño y la realidad. Ante todo, se erige como una experiencia fílmica colmada de misterio, suspenso y emoción donde —y en este caso no es cliché afirmarlo— nada es lo que parece.



Mima Kirigoe, miembro del trío de J-Pop “CHAM”, renuncia a sus aspiraciones musicales para incursionar en el mundo de la actuación, buscando transformar su imagen y persiguiendo un mayor reconocimiento. Sin embargo, dicha decisión será interpretada por uno de sus fanáticos más obsesivos como un acto de traición. La profundidad con que la vida privada de Mima será transgredida irá escalando paulatinamente. Un malintencionado fax, saturado y con una tipografía errática, en el que se lee varias veces la palabra “traidora”; “La habitación de Mima”, un siniestro sitio web que se ocupa de registrar todos sus movimientos; una carta bomba; las exigencias de su agente y la producción por exponerla y sexualizarla en beneficio del rating; un loco acosador; una serie de televisión que, extrañamente, emula los mismos sucesos que atormentan a nuestra protagonista; una cadena de asesinatos sin resolver; el espejismo de su remordimiento… serán causas directas de la enajenación de Mima, de la pérdida de su individualidad. Mima sale de ella misma para convertirse en una vasija en la que una amplitud de personajes descargará sus frustraciones; un objeto mediático, perteneciente solo al público.



A pesar de que este ejemplar del thriller psicológico se ha ganado el favor de la crítica y ha recibido algunos premios como el de mejor película animada del Festival Internacional de Cine Fantástico de Oporto (Fantasporto) en el año 2000, no ha gozado del mismo reconocimiento que Black Swan, nominada en la categoría de mejor película en los Premios Óscar y ganadora de más de 80 premios internacionales. Su director, Darren Aronofsky, si bien compraría los derechos del filme japonés, en principio, para recrear una de sus escenas en Requiem for a Dream (2000), no puede negar las similitudes entre el filme de Kon y el que le valdría el Óscar a mejor actriz a Natalie Portman.





De cualquier modo, los méritos de Perfect Blue permanecen intactos. Las estrategias narrativas, la relación entre texto y subtexto, los paralelismos y los juegos de cámara son efectivos al momento de conciliar y disgregar niveles diegéticos, por medio de los cuales el espectador será inducido en el mismo estado de confusión, ambivalencia y extrañamiento contenido en la pregunta fundamental que acucia a nuestra protagonista y cuyo peso irá medrando hasta convertirse en el centro gravitatorio en torno al cual revolucionarán las demás tensiones: ¿quién soy?

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